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Tomarte tu tiempo está bien



¿Por qué pensar que tomarse tiempo o separarse de los demás está mal?

La carta del Ermitaño nos indica que requerimos un tiempo de aislamiento, un espacio para nosotros, para meditar, para introspección y para encontrar nuestra propia luz. Un Ermitaño es una persona que se ha separado de la comunidad o los bullicios de la vida urbana para centrarse en sí mismo. Por muchos años lo han visto como un ser antisocial. En el paganismo se asocian con personas con conocimientos ocultos y con sabiduría ancestral y en el cristianismo con personas dedicadas a la oración y comunicación con la divinidad.


Estas personas van a su desierto personal a encontrar su propio oasis.

El proceso del Ermitaño es renunciar a todas las comodidades y protecciones que brinda la vida social con otros individuos. Se va lejos, vive con lo que necesita, no lo que quiere y se limita de la contaminación que otras personas pueden traer a su diario vivir. Entonces se encuentra consigo mismo, se recarga, crece y asciende.


Tomarse el tiempo de sacarse a uno mismo fuera del alcance de otras personas no debe de verse como un estado de alerta todo el tiempo, mucho menos como un acto egoísta. Estamos tan saturados de tecnología, ruido, chismes y trabajo que simplemente nuestro sistema requiere un “reset”. El contacto humano resulta tan agotador que el silencio es una aliada importante. ¿Por qué verlo como egoísmo?


Cuando nos separamos estamos necesitando un momento para dejar de escuchar a otros, dedicarnos tiempo a nosotros mismo y claro, desintoxicarnos de la contaminación social. Somos seres sociales que necesitan del contacto de nuestros iguales. Seamos sinceros, necesitamos hasta a esa persona con quien pelear un rato. Ese cliente imprudente, ese vecino que jode y ese familiar que siempre nos critica. Es parte de nuestra vida y cuando lo analizamos es parte esencial para propulsar nuestro diario vivir. Pero somos humanos, requerimos de una pausa para poder seguir. Es un tiempo para nosotros, no es egoísmo, es una necesidad. Lo principal en tu vida eres tú, por lo que debes cuidarte, protegerte y amarte. Pasar a tu estado del Ermitaño es vital.


No es exclusión tampoco.

No estamos excluyendo a nadie de nuestra vida. Pero estamos pasando por tantos cambios constantes, estamos tan sobre saturados de información que nuestro disco duro está lento y requiere de una desfragmentación y limpieza de “cookies”. Necesitamos aliviar nuestra carga. Aislarnos no es que no amemos a esas personas.


Nos aislamos porque amamos a esas personas.

En nuestra travesía del Ermitaño observamos hacia dentro, nos analizamos, nos reorganizamos y transmutamos. Nos preparamos para vivir mejor y para adaptarnos a nuestra nueva realidad. Y esto es bueno, es saludable. La clave es no permanecer ahí toda la vida. Pero, si decides estar ahí toda la vida, que sea tu decisión y eso también está bien.


Como Ermitaños nos ponemos nuestros harapos, posiblemente pijamas, levantamos nuestra lámpara para que nos brinde luz en medio de la oscuridad, nos enfrentamos a nuestra sombra y cuando hayamos alcanzado nuestro centro estaremos listos para retomar nuestro curso. Es un proceso de limpieza y nos puede tomar días o semanas. No hay prisa, que tome el tiempo que requiera, solo necesitamos que aquellos que nos rodean comprendan que es nuestro proceso y que nosotros entendemos que es tu proceso.


Tómate tu tiempo, ¿hace cuánto no te escuchas realmente a ti mismo?

No olvides que es parte de nuestro crecimiento y por ello escogí este momento para compartirlo contigo. Recuerda seguir mi blog para más ratitos como éstos, siéntete libre de escribir tu opinión, compartir y seguirme por Facebook e Instagram donde comparto consejos, recetas, tiradas de Tarot y mucha información que de seguro te interesará.  

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